Un par de años largos en la sombra de mi cueva.



Escojo las palabras del profeta Jeremías cuando dice:

"Desearía poder marcharme y olvidarme de mi pueblo y vivir en una choza para viajeros en el desierto (...)." Jer 9:2* Y eso, creo, es lo que he estado haciendo en este largo exilio. Un exilio necesario para callar muchas voces hablando a la vez, para encontrar la mía propia.
No es fácil descubrirse. En un mundo donde nos educan para ser igual a los demás, a pesar de las modas trend "se diferente", en realidad dicen: "se diferente, exactamente igual que los demás"; eso mezclado con el anhelo de todo ser humano de sentirse amado y aceptado, nos obliga la mayoría de veces a diluírnos. A mutar, a camuflarse entre la multitud y pertenecer, aunque sea en parte, aunque sea por un poco, a algún lugar.
Y en esa búsqueda uno se pierde.
En este viaje de ida y vuelta, aunque la vuelta me haya costado más, espero haberme encontrado. Ha sido un viaje hacia adentro, hacia esos rincones que aún me quedaban por explorar e iluminar, para descubrir colores y formas, y también palabras. Pero sobre todo historias.

Aunque sea muy temprano para aventurarme a sacar cualquier conclusión, concluyo. Y sin pretender usar otra vez una frase algo gastada diré que si hoy me conociera por primera vez, hoy sí me gustaría.
Aconsejo a todo aquel que se sienta arrastrado por mareas incontrolables que se atreva a dar un paso atrás, hacia dentro de sí mismo, para luego defender a capa y espada su esencia, si es capaz de descubrirla. Costará un poco. Depende de lo que hayas dejado entrar y amontonarse encima, que no deberías tirar a la basura. Todo lo vivido, aunque parezca un error es experiencia necesaria. Considéralo un reciclaje.
Se lo debemos, no solo a la sociedad tan necesitada de voces reales, sobre todo a aquel que nos hizo para ser quien él imaginó que fuesemos, no lo que la gente, los gobiernos, las empresas y el sistema necesitan que seamos.

Y ya para acabar, y empezar ¿Por qué vuelvo a escribir en el blog? Recientemente presenté parte de mi trabajo en una escuela, y les hablé precisamente de esto, de nuestra responsabilidad de descubrir aquello que nos hace especiales y únicos. Que lo somos. ¿Por qué, si no fuera así, no hay nadie en el mundo que sea exactamente igual que tú? En el turno de preguntas una niña se me acercó y me preguntó con mucha curiosidad: "¿Por qué te gustan tanto las narices?"
Me sorprendió y empecé a buscar en los recobecos de mi memoria... ¿Dónde y cuando hice yo la confesión sobre mi secreto gusto por observar las narices de la gente? El blog... lleno de polvo y telarañas. Así que, aquí estoy, de vuelta, y hablaré solo cuando tenga algo interesante que decir, palabra.
Os dejo con una imagen. La del génesis de ese mundo descubierto, y que espero, dé mucho que hablar en el futuro próximo.

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